jueves, 9 de septiembre de 2010

Sin el consentimiento del alma

Estoy volviendo a leer un libro que me regaló mi amiga la logopeda, “Con el consentimiento del cuerpo”: “[...]Una madre le explica a su hija embarazada el juego de fuerzas que cobran vida en ella, y le propone catorce movimientos de suma precisión que prepararán su cuerpo para el nacimiento. Fundados en rigurosos datos anatómicos y fisiológicos, estos movimientos despiertan en ella la afición por las sensaciones sutiles y por habitar su cuerpo en todos sus rincones, su ternura, respeto hacia sí misma y hacia su hijo por nacer [...]”

Hace años que no leo un libro por placer, me refiero a uno que no esté relacionado con educación o discapacidad y justo voy a leer uno que ya he leido. Pero ahora mismo tengo muchos interrogantes y necesito respuestas. Lo que más me gusta de este libro, más allá del tema corporal y del análisis tan profundo que hace de los cambios fisiológicos, es la reflexión sobre las implicaciones emocionales del embarazo.

El otro día contaba que me sorprendo pensando intensamente en mi madre y hoy leyendo me encuentro esto: “Dar nacimiento a un niño es hacerse madre, pero es también volver a ser la hija de su madre. Todas las mujeres dan a luz pensando en sus madres. A veces es un motor, otras una traba”.

Ayer, sin pleno consentimiento de nuestro alma, invadimos el espacio vital del nuevo ser. No fue dolor físico el que sentí cuando la aguja penetró en el abdomen, sentí dolor de otro tipo, mucho más intenso y que sólo el tiempo mitiga. Detesto que me invadan mi espacio personal y ELLO no ha nacido y ya hemos urgado en la burbuja existencial que le envuelve. Me lo voy a perdonar porque no me puedo pasar la vida culpabilizándome por todo y creo que merezco algún que otro respiro. No tengo miedo al resultado, curiosamente en mí, que tengo miedo hasta de mi sombra. Lo único que temía era que algo no funcionara bien. Han pasado 24 horas, sigo haciendo reposo (escribo desde la cama) y pienso que el peligro prácticamente ha pasado.

Pudimos ver lo que ha crecido en tres semanas, es increíble. De nuevo todos los datos normales, una vez más tuvimos suerte con el ecógrafo (morenazo con acento extranjero) y la exploración resultó agradable. Nos anticipó con nuestro permiso el posible sexo del bebé y es.....nada más y nada menos que......Bueno, mejor lo cuento cuando estemos más seguros :-)

Dijo que era un bebé muy revoltoso/a porque no paraba de moverse. Le dije que he empezado a notarlo. Llevo varios días notando muy de vez en cuando leves cosquillas o algo parecido al latido de un corazón. Me dijo que era imposible en la semana 16 (me pareció un pelín radical el comentario), que hasta la semana 20 no se nota y que será otra cosa. Yo reafirmé que lo noto, no me puse a dudar, no me impresionó su bata ni su dilatada experiencia, ni la cantidad de manuales que habrá leido. Os aseguro que tengo plena seguridad de que son sus mensajes. He revisado mi diario del anterior embarazo; empecé a sentirla en la semana 17 y su papá lo notó ya en la 19. Si mis bebés son precoces haciéndose notar y mi útero amable que me permite sentirlos esa suerte que tengo. ¡Y qué sabrá él que nunca ha tenido un bebé dentro! :-)

“El vientre de las mujeres es un planeta que rehace indefinidamente el mundo en el secreto de su océano en miniatura”.

Perdona, cosa pequeñita, por haber navegado durante unos instantes sin tu permiso en el mar que te acuna a diario.
Hubiera preferido enviarte este mensaje en una botella: “Ya te quiero”.

2 comentarios:

  1. Qué bonitas, pero qué bonitas líneas
    Saludos para Ello, Ella, El y Tú :-)

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  2. Gracias, bengala. Siempre me alegran tus comentarios.
    Besos para TI, VOSOTROS

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